La sensación de estar en el río e ir a saltar por una cascada por la que no has saltado nunca es difícil de describir. En general yo suelo cargarme de valor pensando “si no lo hago con 20 años, ¿cuando lo voy a hacer?”, aka “vive deprisa, muere joven”. Cuando tras el salto todo va bien, sales con una sobredosis de adrenalina y una sonrisa de “que machote soy :O”; pero cuando saltas, y la ola no te suelta… empieza a resultar menos divertido. Y para ilustraros esto, os dejo con un par de buenos vídeos (por escenas, montaje y música):
Por cierto, si alguno está interesado en probar las aguas bravas algún día, no tiene más que decirlo.
Un Comentario
Yo quiero, pero sin matarme, claro